CAMBIAR LA WEB SIN BORRAR SU HISTORIAL
Lo que se pierde en un rediseño casi nunca es el diseño: son las URLs. Si las direcciones cambian y nadie mapea las antiguas hacia las nuevas, Google tiene que reconstruir relaciones que ya conocía y el tráfico puede resentirse. Si las URLs se conservan, no hacen falta esas redirecciones, pero sí comprobar el contenido, los enlaces y la indexación. El trabajo es distinto en cada caso; las pérdidas permanentes no tienen por qué formar parte del cambio.
Primero: qué tipo de cambio vas a hacer
No todos los rediseños arriesgan lo mismo. Antes de nada, identifica en cuál de los tres estás, porque el trabajo de prevención cambia por completo. Si aún no has decidido la escala del proyecto, empieza por comprobar si necesitas una web nueva o mejorar la actual.
| Tipo de cambio | Qué cambia | Riesgo | Qué exige |
|---|---|---|---|
| Solo visual | Aspecto y plantilla; las URLs y los textos se mantienen | Bajo | Comprobar que el contenido y los enlaces siguen siendo accesibles |
| Cambio de gestor de contenidos | La herramienta que genera la web, y casi siempre la estructura de URLs | Medio o alto | Inventario, mapeo y redirecciones |
| Cambio de dominio | El nombre del sitio | Alto | Todo lo anterior, más el cambio de dirección en Search Console |
Google clasifica como migración con cambio de URLs tres casos: pasar de HTTP a HTTPS, cambiar el nombre de dominio o fusionar varios, y cambiar las rutas de las direcciones (Google Search Central, actualizada el 20/08/2026; consultada el 14/09/2026).
Y da un consejo que conviene tomarse en serio: cambia una cosa cada vez. Si quieres mover el dominio, cambiar de gestor de contenidos y estrenar diseño, hazlo en pasos separados y no todo a la vez. Cuando algo falla, así sabes qué lo causó.
El inventario que hay que hacer antes de tocar nada
Necesitas cuatro listas, y conviene tenerlas antes de que empiece el diseño, no después. Sin ellas no hay forma de saber qué se ha roto.
- URLs. Todas las direcciones que existen hoy. Google sugiere empezar por las importantes: las que están en tu mapa del sitio, las que más tráfico reciben según tus registros o tu analítica, y las que tienen enlaces internos y externos.
- Contenidos. Qué hay en cada página. Es el momento de decidir qué se conserva, qué se fusiona y qué desaparece, con criterio y no por descuido.
- Enlaces. Los internos, para poder actualizarlos después, y la lista de sitios que enlazan a tus páginas actuales, que conviene guardar para avisarles luego.
- Metadatos y elementos embebidos. Títulos, descripciones y también las imágenes, los vídeos y los documentos que alojas. Google recuerda expresamente que esas direcciones deben moverse igual que el resto.
Guarda además la lista completa desde el gestor de contenidos actual y revisa los registros del servidor para detectar direcciones visitadas que no aparezcan en ningún otro sitio.
El mapeo: a dónde va cada dirección
Una vez tienes el inventario, cada URL antigua necesita un destino. No hace falta que sea siempre uno a uno.
Si solo cambias de dominio y la estructura se mantiene, puede bastar con una regla general en el servidor. Si cambias rutas, necesitas una tabla que empareje cada dirección vieja con su equivalente nueva.
Para el contenido que no se traslada, Google es claro: esas direcciones deben devolver un error 404 o 410 en la web nueva. Y avisa de un error muy común: no redirijas muchas páginas antiguas a un destino irrelevante, como la portada. Puede confundir al usuario y puede tratarse como un error de tipo soft 404. Consolidar varias páginas en una nueva sí es válido, siempre que el contenido se haya consolidado de verdad.
En la web nueva, antes de publicar, hay tres cosas que dependen del mapeo: que cada página tenga su etiqueta canónica apuntándose a sí misma, que los enlaces internos usen ya las direcciones nuevas y que el mapa del sitio contenga las URLs nuevas.
Redirecciones: qué usar y qué evitar
Usa redirecciones permanentes en el servidor siempre que sea técnicamente posible. Google recomienda expresamente los códigos 301 y 308, y deja las redirecciones de cliente como último recurso.
Tres cosas que ahorran disgustos:
- No encadenes redirecciones. Googlebot admite hasta diez saltos, pero la recomendación es redirigir directamente al destino final y, si no es posible, no pasar de tres.
- No te preocupes por el enlace perdido. Google afirma que las redirecciones permanentes no causan pérdida de PageRank. Es el miedo más repetido del sector y su propia documentación lo desmiente.
- Mantenlas mucho tiempo. La recomendación es conservarlas al menos un año, para que Google traslade todas las señales a las direcciones nuevas. Desde el punto de vista del usuario, indefinidamente.
El borrador: no indexarlo y no olvidarse de desbloquearlo
Mientras construyes la web nueva conviene que Google no la indexe, y ahí nace el fallo más caro de todos: olvidarse de quitar el bloqueo al publicar.
Google lo señala como el primer error frecuente de su lista de problemas de migración: no eliminar las reglas noindex o los bloqueos de robots.txt que solo hacían falta durante el desarrollo. Su recomendación es preparar de antemano cómo debe quedar el robots.txt al publicar y guardar la lista de direcciones a las que habrá que quitarles el noindex.
Es un fallo silencioso. La web se ve perfecta, el cliente la aprueba y durante semanas nadie entiende por qué el tráfico no vuelve.
Search Console y analítica: prepararlo antes, no después
Verifica las dos webs, la antigua y la nueva, antes de empezar. Google pide verificar todas las variantes de ambas: con y sin www, y con http y https si usas las dos.
Dos detalles que se pasan por alto. Si verificas la propiedad con un archivo HTML o con una etiqueta en el código, asegúrate de que la web nueva también los incluye, porque los testigos de verificación pueden cambiar al cambiar la URL. Y si compras un dominio nuevo, revisa que no arrastre acciones manuales ni retiradas de URLs del propietario anterior.
En analítica, revisa la configuración antes del cambio. Conserva la continuidad del histórico siempre que sea posible y, si cambia el dominio, comprueba que el flujo de datos recoge correctamente las direcciones nuevas. Si necesitas separar informes, hazlo sin perder el acceso a la serie anterior.
Un aviso técnico que sorprende a mucha gente: después de una migración Google rastrea la web nueva más de lo habitual, porque además del rastreo normal se le suma el redirigido desde la antigua. Conviene que el alojamiento aguante ese pico.
El día del cambio
El orden importa, y estos cinco pasos son el mínimo:
- Activa las redirecciones según el mapeo.
- Comprueba que las etiquetas canónicas de la web nueva apuntan a las direcciones nuevas y que se han quitado las reglas
noindexpuestas durante el desarrollo. - Prueba las redirecciones. Para direcciones sueltas sirve la herramienta de inspección de URL de Search Console; para muchas, una herramienta de rastreo.
- Si cambias de dominio o de subdominio, envía el cambio de dirección en Search Console desde la web antigua. No hace falta para pasar de HTTP a HTTPS, ni para cambiar entre
wwwy sinwww, ni para mover rutas dentro del mismo dominio. - Envía el mapa del sitio nuevo.
Google recomienda además mover las webs pequeñas y medianas de golpe, no por secciones, y elegir un momento de tráfico bajo si tu negocio tiene estacionalidad.
Las semanas siguientes: qué es normal y qué no
Que la visibilidad fluctúe durante la migración es normal y Google lo dice con todas las letras. Para webs medianas puede llevar unas semanas o más hasta que empiece a mostrar las direcciones nuevas en lugar de las antiguas, y en webs grandes, más. El proceso va URL por URL: la migración no se considera completa hasta que Googlebot ha visitado al menos una vez cada dirección de las dos webs.
Lo que sí conviene vigilar en Search Console:
- Los dos mapas del sitio, el viejo y el nuevo. Con el tiempo, las páginas indexadas del antiguo deberían bajar a cero mientras suben las del nuevo. Los avisos de redirección en el mapa antiguo son normales.
- El informe de indexación, buscando picos de errores inesperados.
- Las consultas de búsqueda, para ver cómo las direcciones nuevas empiezan a registrar impresiones y clics.
Y en paralelo, actualiza enlaces: los internos, los de tus perfiles en redes, los de tus campañas y, en la medida de lo posible, los externos que guardaste en el inventario.
Si pasadas varias semanas la situación no se estabiliza, el problema deja de ser la migración y pasa a ser un diagnóstico, con las mismas áreas que se revisan cuando una web no posiciona.
Cinco errores que más caro salen
Son los que la propia documentación de Google enumera como fallos frecuentes de migración:
- Dejar puestos los
noindexo los bloqueos derobots.txtdel desarrollo. - Redirigir a direcciones equivocadas o inexistentes en la web nueva.
- No revisar el informe de indexación en busca de errores nuevos.
- Quedarse corto de capacidad de servidor durante el pico de rastreo posterior.
- No actualizar los mapas del sitio con las direcciones nuevas.
Preguntas frecuentes
¿Puedo conservar las mismas URLs y cambiar solo el diseño?
Sí, y es la opción con menos riesgo. Si las direcciones y los textos se mantienen, no hay mapeo ni redirecciones que preparar. Aun así conviene comprobar que la plantilla nueva no esconde contenido, no rompe enlaces internos y no bloquea recursos que antes se rastreaban.
¿Cuánto tiempo hay que mantener las redirecciones?
Google recomienda al menos un año, para que pueda trasladar todas las señales a las direcciones nuevas, y sugiere conservarlas indefinidamente pensando en el usuario. Como son lentas para quien navega, lo razonable es mantenerlas y a la vez ir actualizando los enlaces que apuntan a las direcciones antiguas.
¿Qué hago con las páginas antiguas que ya no quiero?
Que devuelvan un error 404 o 410 en la web nueva, que es lo que Google indica para el contenido que no se traslada. Lo que no debes hacer es mandarlas todas a la portada: puede tratarse como un error de tipo soft 404. Si varias páginas se han fusionado de verdad en una nueva, ahí sí tiene sentido redirigirlas a esa página.
SIGUIENTE PASO, CON EL ALCANCE CLARO
Si vas a encargar el rediseño y quieres saber qué exigir
Un rediseño es el momento de más riesgo y también el de más oportunidad: es cuando se puede corregir la estructura sin coste adicional. Lo que no conviene es descubrir el inventario de URLs una semana después de publicar.
En diseño y rediseño web los proyectos empiezan en 1.200 € + IGIC con precio cerrado, e incluyen las redirecciones cuando hay migración. Si lo que quieres es un diagnóstico del estado actual antes de decidir nada, la auditoría SEO con plan cuesta 495 € + IGIC como trabajo puntual. Y si la web ya está bien y solo necesita cuidado técnico, existe el mantenimiento web de 85 € al mes + IGIC.
Si no tienes claro cuál de las tres encaja, la revisión inicial cuesta 95 € + IGIC, no se descuenta después y te deja una conclusión útil aunque decidas ejecutar con otro proveedor.